DRAGÓN, PRINCESA…

TECLADO

DRAGON

Si alguien se piensa que la vida es como en las películas es que es imbécil. Si alguien piensa que querer es poder es que es rematadamente imbécil. No recuerdo que sirvieran de nada mis intentos de conseguir que mi hermano saliera de la mierda a la que estaba condenado. Ninguna de mis charlas a su lado  hablándole de mis planes de futuro sirvieron para que sacara fuerzas para ser parte del mismo. No recuerdo que ninguna de sus miradas prestará atención a las lágrimas que acompañaban las mías mientras me maldecía y le maldecía a la vez  por no tener un hermano  normal.  Alguien que en la época de salir de fiesta me diera consejos de cómo conquistar a la chica de turno que me gustara. Alguien que en la época de los primeros trabajos me animara pensando que era pasajero, que saldría algo mejor. Alguien que no me juzgara cuando decidí mostrarme todo lo duro que pudiera o más. Metiéndome en peleas innecesarias simplemente para que alguien sintiera dolor, aunque no se pudiera comparar al que yo sentí esa adolescencia de mierda en ese hospital.  Tratando a la gente todo lo mal que pueda simplemente porque hay una cierta sensación de poder cuando con tus actos queda claro que quién se lleva la peor parte no eres tú.

Lo único de película que hay en mi vida es el hecho de que haya una actriz principal (o secundaria que más da…). Sofía se llama, la conocí cuando con 25 años y un cuerpo musculado a base de golpes en un saco de boxeo (y no sólo en un saco de boxeo) se presentó un día en el pub de siempre acompañada de su hermano.  Un imbécil al que le suministraba anfetas de tanto en tanto.  Cuando la vi pensé “la típica tía que se piensa que es una princesa y que la vida es de color de rosas”. A sus escasos 19 años creo que todavía no sabía lo que era sufrir, que la vida no  le había golpeado lo suficiente como para no entregarse y confiar totalmente en alguien.  Seguro que había tenido algún desengaño sobre lo que la vida le ha dado, pero seguramente de mierda, no de esos que te llevan a autolesionarse dando un puñetazo en un espejo o buscando sangrar y hacer sangrar a alguien en una pelea que  sólo necesita para empezar un cruce de miradas.

Así que pensé buen cuerpo y mente moldeable. ¿Qué más podía necesitar? Supongo que nada. Lo bueno de la gente frágil es que es imposible que puedan debilitarte. Y así es como empezamos con una charla frívola para con unos días quedar para tomar copas y comernos la boca y  acabar haciéndomela.   Nunca le he dicho que la quiero (ni tras un orgasmo…), tampoco lo considero necesario. Si quiere palabras bonitas que vea películas de Julia Roberts. Si le duele que no le mande un mensaje cada noche para desearle buenas noches que se vaya a dormir ya por la tarde. ¿Quererla? No creo, ¿usarla? sí creo. Pero a fin de cuentas a todos nos usan y todos usamos.

 

PRINCESA

Odiaba las discusiones. Que las cenas en casa fueran el campo de batalla. Al principio mi hermano y yo no entendíamos nada. Sólo veíamos como se gritaban pero luego los oíamos gemir y eso nos hacía pensar que todo iba bien. Por la mañana, mientras ella nos despertaba para ir al colegio le oíamos a él cantar. Parecía feliz. Y todo nos parecía simplemente una riña de esas tontas. Como las que teníamos en el patio de colegio, cuando alguien hacía trampas jugando a la cuerda o a mi hermano le metían un gol entre las piernas y perdían un partido.

Pero mientras íbamos creciendo lo que iba extinguiéndose eran esas gemidos. Esos cantares por la mañana. De la infancia sólo quedaban los gritos por la noche. Gritos o silencio eso era todo. No recuerdo mucho más. Mi madre dejó de despertarnos por la mañana, ya éramos mayores para eso. Sin embargo a veces los papeles parecían haberse intercambiado y la que necesitaba ser despertada era ella. “Ahora cuando os vayáis me levanto, estoy cansada” y mi hermano y yo nos íbamos al colegio. Años después recuerdo un día llegar del instituto y ni siquiera estaba despierta cuando llegue…  Mi padre decía “ni puta idea, déjala le habrá sentado mal algo”. Fuí a la habitación, estaba a oscuras y me pidió que no encendiera la luz, que le dolía la cabeza. Y yo me la creí.  Le desee desde la distancia buenas noches y me lo creí.  Ese dolor de cabeza se convirtió en costumbre y mi hermano y yo nos lo seguimos creyendo. Ya ni le preguntábamos a nuestro padre. Total la respuesta siempre era la misma, siempre le había sentado mal algo. Un día en el instituto alguien entró en clase y me pidió que saliera. Lo mismo hicieron con mi hermano en su clase.  Al día siguiente dejamos flores en la tumba de mi madre.

Lloré mucho, no cuando quise, sino cuando me salía de dentro. No lo hice durante el entierro y sin embargo al cabo de unos días en los probadores de un Primark me vacié completamente. Mi hermano no sé si lloró, pero dejó de ir a clase por la tarde y en vez de eso iba a un pub que teníamos cerca de casa. La ausencia de mi hermano hacía que en esa casa al menos hasta la noche sólo estuviéramos mi padre y yo. Ingenuamente pensé que tal vez el dolor nos uniría pero yo lo que notaba era que nos había alejado.  Nada que contarnos, deseaba discutir, que pasara algo, pero el parecía ensimismado en sus pensamientos.  Sólo una vez ví algo parecido a una discusión y fue un día que mi tía vino a casa y tras un rato se fué gritando “tú acabaste con ella, no fueron las pastillas, fuiste tú”. Y mientras la vida iba pasando mi hermano cada vez aparecía menos por casa. Y la verdad no parecía que a nuestro padre eso le importara. Así que un día fui con mi hermano al salir de clase a ese pub. Había sido un día de mierda, bueno un mes de mierda, bueno un año de mierda desde lo de nuestra madre. La gente nos miraba como bichos raros, éramos “pobres, lo que han tenido que pasar”, cuanta compasión y que fácil es darla desde la zona de confort de una familia normal, una pareja que te quiera y unas amigas a las que tu mierda no incomode como para alejarse por si se pega el olor…

Y allí estaba él, con sus tatuajes, cicatrices y esa mirada que desprendía dolor y odio al 50%. Pero decidí no mostrarle mi dolor, descubrirle mis penas,  odiar es que no sé…  Su manera de repasarme visualmente me hizo sentir violenta pero su sonrisa posterior también me hizo sentir valorada. Con los días empecé a verle como alguien fuerte de quien tal vez pudiera adquirir dureza. No me dice que me quiere pero bueno cada uno es como es. Y cuando se burla y desprecia mis ideas y forma de ser pienso que entre eso y ser invisible para el mundo pues prefiero eso…

 

 

JORDI

Se sentaba dos filas delante en clase. Se llamaba Sofía. Siempre estaba callada y sus ojos verdes no decían nada. Mientras las “encantadas de conocerse” hablaban de lo bien que lo iban a pasar ese fin de o de ese bañador que seguro que queda genial de cara al verano, ella se quedaba en silencio. Tomaba apuntes y no era de esa gente que pregunta todo el rato. De hecho nunca se presentó voluntaria para nada.

Por las noches en casa siempre pensaba e imaginaba maneras de mantener un contacto con ella. No sé, pedir unos apuntes, preguntarle algo, hacer una broma tonta en clase a ver si se giraba y sonreía. Pero lo de broma tampoco habría funcionado porque no soy gracioso como para eso. Así que todo se limitaba a imaginarse situaciones en las cuales acabáramos juntos. Mi favorita era aquella que como si de “Grease“ se tratara empezaba a cantarle en medio del instituto. Incluso hasta tenía la canción pensada. Era “Mi Teatro” de Dani Martín y el momento álgido era cuando me acercaba a ella y le cantaba eso de “al actor que vive en mí, interpretando a un hombre serio, aburrido y ya cansado de un papel que le impusieron”.  Tras eso nos besábamos y fundido en negro. Pero la verdad es que en dos años de clase nunca me atreví a eso ni a nada parecido. Supongo que en las películas todo es más fácil…

Recuerdo que un día la vinieron a buscar a clase. Ese mismo día empezaron a circular rumores por todo el instituto. Que su madre era adicta a los fármacos, que alguien un día la había visto salir del supermercado con gafas de sol a pesar de ser diciembre. Que a su padre lo habían visto un día besándose con otra mujer. Rumores, todo son rumores. Pero lo cierto es que Sofía tardó dos días en volver a clase.

Cuando lo hizo la gente la trató como un animal peligroso del zoo. Es decir todo eran palabras de ánimo, pero sólo eso. Sólo palabras, nadie superaba la barrera de un máximo de diez palabras. No se cruzaba la valla, nadie superaba un “lo siento, ánimo,  que sepas que cualquier cosa que necesites…”  Pero tampoco vi a  nadie preguntar que necesitaba. Tampoco creo que ella supiera si realmente necesitaba algo.

Poco a poco dejó de venir al instituto por las tardes. Y eso lo sé porque yo nunca faltaba. Me gustaba ir a clase, aprender cosas me hacía sentir útil, a pesar de lo inútil de saber cuál fue el primer emperador de la dinastía Ming.  No verla fue una faena pero también un alivio a la vez. El hecho de no verla imposibilitaba la ocasión de decirle algo cara a cara. Siendo sincero si matas la ocasión matas también la ocasión de desaprovecharla…

 

Enrique Menéndez

HELENA MIQUEL. El Sol en la Sombra

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Helena Miquel nos trae “El Sol en la sombra”. Un punto de inflexión tras su marcha de “Delafé y las Flores Azules”, que anteriormente eran “Facto Delafé y las Flores Azules”. Su marcha nos priva de un grupo que siempre se caracterizó por dos cosas. Una música que desprendía buen rollo y la fidelidad de unos fans que seguramente echarán de menos su voz mezclada con la de Oscar D’Aniello .

Lo primero que uno aprecia, es una portada que no disimula en ningún momento el parecido con la que precisamente se realizó para el primer sencillo de “Delafé” ese “La fuerza irresistible”. La cara de Helena en este caso, para la cara de Oscar D’ Aniello en el sencillo anteriormente nombrado.

¿Y qué encontramos en “El Sol en la Sombra”? Pues sinceramente es este un disco de mensajes, de hablar las cosas, en ocasiones desde la distancia y en otros momentos simplemente porque apetece hablar de lo que está pasando. Un viaje quizás triste pero a la vez agradable de recorrer apoyándose en unas melodías que entran con facilidad y una voz (ejemplo de dulzura) que lleva todo el peso.

Las guitarras tienen poca relevancia en este trabajo, tal vez siendo destacables en “Retaguardia” y en “La Verdad”, seguramente el tema más contundente de este trabajo y que más invita a bailar de todos los que se pueden escuchar. La oscuridad parece cernirse en los teclados que dominan “Enhorabuena”. Una oscuridad que ve un poco la luz casi a mitad del tema. Para volver a oscurecerse en una historia de perdones que no llegan aunque así se quiera.

Resulta curioso también pensar en “Fuegos artificiales”. Porque aplicando la misma esencia de buen rollo que conocemos de épocas anteriores aquí nos enfrentamos a la vez con una letra que refleja la tristeza de echar de menos a alguien con quien se vivió algo bonito.

Helena nos regala una bonita dosis de triste realidad en “Ahora que estamos bien” donde le canta/habla a alguien que un día fue importante. Pero no desde la nostalgia sino desde la realidad de que la distancia a veces es lo mejor que nos puede pasar.

Y cierra el trabajo “Despedida” que es una bonita combinación de reproches y demandas. Uno como oyente se atreve a intentar adivinar el % de autobiográfico en las sensaciones que el trabajo describe mientras entiende que son universales. Y aplaude la capacidad que tiene de sonar sensible sin caer en lo cursi. De causar tristeza sin quitar una sensación agradable en cada escucha.

Enrique Menéndez

NIÑOS MUTANTES. Diez

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Nuevo trabajo de “Niños Mutantes” titulado “Diez” que son el total de canciones que nos ofrecen. Con una larga carrera a sus espaldas el grupo presenta en este 2017 temas como el que abre el trabajo. Un “Menú del día” que crítica a la vida actual y una sociedad que nos tiene enjaulados y acostumbrados a creer todo lo que nos digan. Una letra incómoda para un tema energético.

Una buena manera de dejar claro que estamos ante un trabajo básicamente de ritmo rápido y contundente y con momentos más calmados, aunque pocos. Energía que volveremos a encontrar en un “Jovencita” que curiosamente anima a vivir la vida actual. Unos 90 segundos de pura advertencia de que el tiempo pasa y no hay vuelta atrás.

Hay un cierto aire a “Personal Jesus” en el inicio de “Pura Vida”. Aquí Juan Alberto más que cantar susurra al principio para acabar desatándose en un tema en que las guitarras llevan la batuta constantemente. Batuta que cede el protagonismo totalmente en “FGL” quizás la joya de la corona. A “FGL” le podemos dar el título de inicio hipnótico del año.

Otros temas acompañan en este viaje, que no decepciona en ningún momento y que ofrece lo que “Niños Mutantes” tan bien sabe ofrecer. Letras más que interesantes y una música que oscila entre la energía y la calma relativa. Estamos ante un disco lleno de mensajes, donde ninguna frase se suelta sin que tenga un sentido. Y tras la escucha uno piensa que ha sido un buen viaje musical y es consciente que se apuntará a los próximos que programen nuestros “Niños Mutantes”.

 

Enrique Menéndez

LOS PUNSETES. ¡Viva!

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Vuelven Los Punsetes con “¡Viva!” y lo celebramos gritando ese título sin ningún tipo de dudas. Porque el grupo madrileño nos ofrecen 11 canciones de baterías agresivas y guitarras descontroladas dentro de un control. Y como era lógico, esas letras marca de la casa.

Ya son años de carrera musical  y uno no deja de pensar en el curioso choque de la voz de Ariadna con la brutalidad de su música.  El grupo se ríe de todo el postureo que implica el mundo de la música en “Tu Puto Grupo” con la misma facilidad que ataca a la paranoia de la gente en “Medio”. Y hasta se ponen trágico-románticos a su manera en “Presagios de Partida”…

El nihilismo y la desgana se hacen presentes en “Camino”. Y sorprende el pequeño descanso que es “El Manual” donde da la sensación que bajan una marcha, sólo una, pero ¡!!demonios!!!  hasta en tiempos lentos siguen sonando más contundentes que muchos grupos.

Quizás la gran sorpresa de este trabajo es “Humanizando los Polígonos” propietaria de uno de los mejores arranques posibles que haya podido escuchar. Son 30 segundos totalmente adictivos y luego Ariadna nos cuenta su plan. Y nos regala una de esas letras que podríamos encontrar escritos en los lavabos de cualquier instituto. “Cuando todo el mundo me deba un favor, sembraremos el caos y la destrucción

Estamos en definitiva ante casi 40 minutos de total disfrute. De música rápida, que entra fácil y que augura unos directos brutales.

TENGO

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Tengo un teléfono de última generación pero no tu número.

Tengo 140 amigos en Facebook y no estás entre ellos.

Tengo un estado de whatssap ingenioso que no has leído.

Tengo una dentadura perfecta pero nunca te he sonreído.

Tengo Twitter pero ni un retweet tuyo.

Tengo Instagram pero no has visto mis fotos de atardeceres.

Tengo Spotify pero desconoces que me encanta Macy Gray.

Tengo muchos recuerdos pero ninguno compartido.

Tengo facilidad para llorar pero nunca secaste mis lágrimas.

Tengo el título de bufón de la corte pero no reíste mis gracias.

Tengo un futuro incierto pero la seguridad de no tenerte en mi presente.

Tengo estas líneas para contarte algo aunque no sé ni quien eres.

Tengo esta vida a la que le falta de alguna manera ser importante en la tuya.

 

Enrique Menéndez